
Me descubro mirando con quietud la montaña en la que moras,
tras el vidrio manchado de esta vieja ventana ;
es curioso, pero escribo estas palabras o más bien las sangro
sobre tu maleta gris,
aquella que fue tuya y mía,
y que ahora sólo mía, abrazo.
Temblor; eso fue lo que sentí cuando me agarraste la mirada,
el alma, me quedé vacía, atormentada,
y tú, en absoluta calma.
Siniestro encuentro en mal momento,
tempestad de cariño en plena noche,
las sombras me cubren,
pero tu voz desata mis sollozos.
¿ Cómo no quererte más ahora
que he sentido tan cerca
el zarpazo de tu ausencia ?